
En los últimos días se ha hecho viral en redes sociales una tendencia que consiste en comer con un plástico en la boca para evitar ingerir calorías, una práctica que algunas personas presentan como un truco para adelgazar sin dejar de disfrutar de la comida. Como nutricionista, este tipo de contenidos me preocupa especialmente, porque no solo carecen de base científica, sino que pueden favorecer los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y empeorar la relación con la comida, sobre todo en personas vulnerables.
La práctica, que se ha difundido en plataformas como TikTok, consiste en colocar una lámina de plástico dentro de la boca antes de comer. La idea es masticar el alimento sin que llegue a ingerirse, de modo que se experimenta el sabor y la textura, pero se evitan las calorías. Quienes la promueven aseguran que así se puede engañar al cerebro y generar sensación de saciedad sin engordar. Sin embargo, desde el punto de vista de la nutrición y de la salud mental, este planteamiento es profundamente problemático.
Este tipo de conductas se parecen mucho a comportamientos que vemos en consulta en personas con trastornos alimentarios, como el hábito de masticar y escupir, que aparece en algunos casos de anorexia o bulimia. En estas situaciones, la comida deja de ser algo natural y pasa a convertirse en algo que genera miedo, culpa o necesidad de control. Cuando la alimentación se vive desde la restricción y la obsesión por el peso, cualquier estrategia para evitar comer puede reforzar el problema en lugar de solucionarlo.
Uno de los aspectos más preocupantes es que estas prácticas se presentan en redes sociales como si fueran inofensivas o incluso ingeniosas. Vivimos en un contexto en el que la presión estética sigue siendo muy fuerte, especialmente para las mujeres y para las personas jóvenes, y eso hace que cualquier promesa de adelgazar rápido tenga una gran difusión. Las redes sociales funcionan con algoritmos que tienden a mostrar contenido similar al que ya hemos visto, por lo que una persona que empieza a consumir vídeos sobre dietas o pérdida de peso puede acabar rodeada de mensajes que normalizan conductas de riesgo.
No es la primera vez que ocurre algo así. Cada cierto tiempo aparece una nueva tendencia viral para adelgazar, una dieta extrema o un truco supuestamente revolucionario que promete resultados rápidos. El problema es que muchas de estas propuestas no solo no funcionan, sino que pueden tener consecuencias negativas para la salud física y emocional. La llamada “dieta del plástico” se suma a una larga lista de prácticas sin evidencia científica que se popularizan porque son llamativas, impactantes o generan muchas interacciones.
Además de los riesgos psicológicos, también existen riesgos físicos. Introducir plástico en la boca mientras se come puede provocar atragantamientos, irritaciones o ingestión accidental de fragmentos. También puede alterar las señales normales de hambre y saciedad, que son fundamentales para mantener una relación equilibrada con la comida. Cuando aprendemos a desconfiar de nuestro cuerpo y a ignorar sus señales, es más fácil que aparezcan problemas como la restricción, los atracones o la culpa al comer.
Otro aspecto que me preocupa especialmente es la banalización de los trastornos de la conducta alimentaria. Los TCA no son modas ni caprichos, sino problemas de salud mental complejos que pueden tener consecuencias graves. Sin embargo, cuando en redes sociales se presentan conductas claramente problemáticas como si fueran simples trucos para no engordar, se pierde de vista la gravedad del asunto. Esto puede hacer que muchas personas no identifiquen a tiempo que están desarrollando una relación poco saludable con la comida.
También es importante hablar del papel que tienen los creadores de contenido y las figuras públicas. Cuando alguien con visibilidad comparte este tipo de prácticas sin explicar los riesgos, aumenta la probabilidad de que otras personas las imiten. Esto es especialmente delicado en adolescentes, que están en una etapa en la que la identidad corporal es muy importante y la comparación con los demás puede influir mucho en la autoestima.
Desde mi experiencia en consulta, sé que muchas personas llegan sintiéndose culpables por comer, con miedo a engordar o con la sensación de que nunca lo hacen lo suficientemente bien. Este tipo de tendencias no ayudan, sino que refuerzan la idea de que el problema está en el cuerpo o en la comida, cuando en realidad muchas veces el problema está en la presión social y en el mensaje constante de que debemos controlar lo que comemos para ser aceptados.
Por eso creo que es fundamental fomentar una educación nutricional basada en la salud y no en el peso, y enseñar a tener una mirada crítica frente a lo que vemos en redes sociales. No todo lo que se hace viral es seguro, ni todo lo que promete adelgazar es buena idea. Necesitamos hablar más de bienestar, de autocuidado y de respeto al cuerpo, y menos de trucos rápidos para no engordar.
La tendencia de comer con plástico en la boca puede parecer una simple ocurrencia de internet, pero refleja algo más profundo: la dificultad que muchas personas tienen para relacionarse con la comida sin miedo ni culpa. Mientras sigamos viviendo en una cultura que valora la delgadez por encima de la salud, seguirán apareciendo este tipo de propuestas. Por eso, más que buscar nuevos trucos, necesitamos cambiar la forma en la que hablamos del cuerpo, de la alimentación y del cuidado personal.

